Jueves 21 de mayo. San Cristóbal magallanes pbro y compañeros mártires. F o ML Blanco o Rojo.
Lecturas
Hch 22, 30; 23, 6-11
Sal 15 (16), 1-2a.5.7-11
Evangelio según San Juan 17, 1b.20-26
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y Yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -Yo en ellos y Tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí.
Padre, quiero que los que Tú me diste estén conmigo donde Yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero Yo te conocí, y ellos reconocieron que Tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos, y Yo también esté en ellos.
EI cristianismo del espíritu es un cristianismo de la palabra viva. El espíritu vive en la palabra, no fuera de ella. La palabra es la morada del Espíritu, Jesús es la fuente del Espíritu. Cuanto más entremos en Cristo, tanto más realmente nos introduciremos en el espíritu y más profundamente penetrará el Espíritu en nosotros. El Espíritu no se hace visible alejándose del Hijo, sino adentrándose en El. En su narración acerca de la primera aparición del resucitado entre los once, San Juan lo ha expresado con una imagen elocuente: «el Espíritu es el aliento del Hijo. Para recibirlo es preciso acercarse al Hijo y aproximarse a su aliento, es decir, dejarse reanimar por Jesús» (Ioh 20, 19-23). San Ireneo ha formulado certeramente la lógica trinitaria de la historia. A su juicio, la lógica histórica no consiste en un progreso del Padre al Hijo y, por último, en un ascenso a la liberación, al Espíritu. La dirección de las Personas sigue dentro de la historia el sentido opuesto: al principio está el Espíritu, como instrucción y dirección del hombre apenas imperceptible; El conduce al Hijo y, a través del Hijo, al Padre. Lo que los Padres intentaron decir sobre la esencia del Espíritu Santo está en consonancia con esas ideas: el nombre de la tercera persona divina —a diferencia del de las otras dos, «Padre» e «Hijo»— no es expresión de algo específico, sino que nombra precisamente lo común de Dios. En ello se deja ver, empero, lo «característico» de la tercera persona. La tercera persona es lo común, la unidad —una unidad que es persona— del Padre y el Hijo. El Padre y el Hijo son uno saliendo por sobre sí. En la tercera, en la fecundidad del don son una.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
