Martes 05 de mayo – Feria – Blanco
Lecturas
Hch 14, 19-28
Sal 144 (145), 10-13ab.21
Evangelio segùn San Juan 14, 27-31a
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que Yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que Yo amo al Padre y obro como Él me ha ordenado.»
Dios es uno y trino. La fe cristiana añade: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un tímido silencio en vuelve en la cristiandad desde hace tiempo este punto central de su fe. ¿No ha ido la Iglesia demasiado lejos al respecto? ¿No deberíamos renunciar a penetrar en algo tan grande e impenetrable? ¿Puede significar esa idea algo para nosotros? La verdad es que esa proposición es y subsiste como expresión de la alteridad de Dios, que es infinitamente más grande que nosotros y supera nuestro pensamiento y nuestro ser. Dios es.
Esta proposición significa que por encima de nuestros fines e intereses todos existe la grandeza de la verdad y la justicia, el valor de cosas a las que se priva de él en la tierra, la verdadera adoración —la adoración a Dios, que protege al hombre de la dictadura de los fines y de la de los ídolos. Dios es. Ello significa, junto a todo lo anterior, que todos somos criaturas suyas. Exclusivamente criaturas, pero, como tales, con un origen divino. Somos criaturas queridas por Él y destinadas a la eternidad: también el vecino, la persona acaso poco simpática que vive junto a mí. El hombre no procede del azar, ni de la mera lucha por la existencia, que da el triunfo al más apto, al que puede imponerse, sino del amor creador de Dios.
Dios es. Esa afirmación quiere decir que Dios puede obrar —y obra- de un modo absolutamente real ahora, en este mundo y en nuestra vida. ¿Confiamos en Él? ¿Lo consideramos como realidad en el cálculo de nuestra existencia, de nuestra vida cotidiana?
¿Hemos entendido el significado de la primera tabla de los diez mandamientos —la verdadera exigencia fundamental de la vida humana—, hemos comprendido adecuadamente los tres primeros ruegos del Padre nuestro, que recogen la primera tabla y quieren convertirlos en la dirección fundamental de nuestro espíritu y de nuestra vida?
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
