Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Imitar a Cristo para cumplir la vocación humana

Lunes 13 de Abril – Feria o Memoria Libre – San Martín Papa y mártir. Blanco/Rojo

Lecturas
Hch 4, 23-31
Sal 2, 1-9


Evangelio según San Juan 3, 1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él».

Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios».

Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».

Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Ustedes tienen que renacer de lo alto”.

El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu».

 

Imitar a Jesucristo significa recorrer un camino orientado contra la fuerza natural de la gravedad, contra la fuerza de la gravedad del egoísmo, del afán de obtener lo puramente material y el deseo de conseguir el mayor placer, que se confunde con la felicidad. La imitación de Cristo es un camino por aguas agitadas y turbulentas. De ahí que sólo nos sea posible recorrerlo cuando estamos dentro del campo gravitatorio del amor de Jesucristo, dirigimos a Él nuestra mirada y somos sostenidos por la nueva fuerza gravitatoria de la gracia: ella nos allana el camino -que por nosotros mismos no podemos recorrer- hacia la verdad y hacia Dios. Por todo ello, imitar a Cristo es más que mostrar adhesión a un determinado programa, más que simpatía y solidaridad con un hombre que se considera modelo. Nosotros no seguimos sólo a Jesús, a un hombre, sino también a Cristo, al Hijo del Dios vivo. Por eso recorremos un camino divino. ¿A dónde va Jesús? Jesús va a la resurrección, a la derecha del Padre. Cuando se habla de imitación de Cristo, se está aludiendo al camino en toda su extensión del que venimos hablando. Sólo así se realiza la entera vocación del hombre. Únicamente de ese modo llegamos realmente al fin, a la absoluta e indeleble felicidad. Ése es, por último, el único modo de entender por qué la cruz forma parte de la imitación de Cristo (Mc 8,34). De ningún otro modo se puede conquistar la resurrección y lograr la comunidad con Dios. Tenemos que seguir adelante con este camino, si queremos ser siervos y testigos de Cristo. Cada paso singular es distinto según que se admita el camino en su conjunto o separe de él solamente una especie de programa —humano por tanto— de partido. Sólo se puede llegar a Cristo, si se tiene el valor de caminar sobre el agua, de confiarse a su fuerza de gravedad y a la de la gracia.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

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