Miércoles 01 de Julio. San Simeón. Feria (verde) dedicado a San José
Lecturas
Am 5, 14-15.21-24 Sal 49 (50), 7-13.16b-17
Evangelio según san Mateo 8, 28-34
Cuando Jesús llegó a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?” A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: “Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara”. Él les dijo: “Vayan”. Ellos salieron y entraron en los cerdos: éstos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.
Cuando se vive verdaderamente la fe, cuando es glorificación de Dios, que es y será siempre Señor del mundo, ocurre algo que afecta al universo y Io transforma en Io más hondo. El modo más profundo de ir a sus raíces para transformarlo es tocar el corazón de Dios. Por lo demás, de ese modo se puede llamar al fundamento vivo y al poder que sostiene todas las cosas: el único capaz de hacerlas buenas. Cuando nos dirigimos a Dios y nos abrimos a El, nos convertimos en hombres nuevos. Y a la inversa: cuando el mundo se cierra a Dios y se separa de El, es como un planeta fuera de su campo gravitatorio vagando sin rumbo por la nada. Es como una tierra en la que ya no brilla el sol y en la que la vida se extingue. Cuando el hombre pierde a Dios, ya no puede ser justo nunca más, pues al olvidar a Dios extravía su norma fundamental. Si nos desligamos de la verdadera medida, todo lo demás no podrá ser sino desmesura y perverSión. Sólo podemos ser rectos y justos, si la rectitud triunfa en nosotros, si somos «correctos». Sólo nos cabe ser tal cosa, empero, si correspondemos a la verdad de nuestro ser. Ahora bien, esta verdad es que Dios nos ha creado y es nuestro camino. No puede haber justicia, si no comienza habiéndola en el hombre. Pero en el hombre no puede haberla si niega radicalmente su verdad.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
