Martes 04 de agosto, MO (Blanco) San Juan María Vianney, presbítero
Del Martirologio Romano
Memoria de san Juan María Vianney, presbítero, que durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, cerca de Belley, en Francia, con asidua predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la santa Eucaristía, brilló de tal modo que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa, y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas (1859).
Lecturas:
Jer 30, 1-2.4.12-15.18-22
Sal 101 (102), 16-21.29.22-23
Evangelio según San Mateo 15, 1-2.10-14
Unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?” Jesús llamó a la multitud y le dijo: “Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella”.
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?” El les respondió: “Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo”.
EI hombre es el enemigo del hombre. El ser humano se siente oprimido y amenazado por el éxito de los demás, por sus encantos o defectos o, simplemente por su existencia. Por eso busca resolver el que supone para él el otro mediante la violencia. El I mensaje de Jesucristo sobre la violencia es muy claro. Atenerse a él y apropiárselo de modo decidido no es en nuestros días una cuestión de pura teoría, sino de subsistencia de la sociedad. Quisiera recordar ahora las palabras que el Papa Juan Pablo II pronunció en Irlanda: «La violencia es indigna del hombre. Es una mentira, pues está en contradicción con la verdad de nuestra fe y con la de nuestra condición humana. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del hombre». El mero rechazo violencia no es suficiente. En nuestros días se ha convertido en un fenómeno tan fascinante, porque se le ha atribuido el poder de derribar el esplendor de lo moral. Ha llegado a ser un elemento de la explicación completa del mundo, dentro de la cual se considera expresión de la lucha por la justicia y se presenta como signo de la misión radical del hombre. El violento aparece por doquier como el verdadero moralista. Al lado de ésta, existe otra forma de violencia expresiva de la insatisfacción con la existencia. Consiste en el placer de la destrucción de un mundo sin sentido. Esos dos géneros de violencia se reúnen frecuentemente en cualquiera de ellos. La violencia se puede vencer únicamente mediante una nueva pureza de corazón que realice de nuevo la dignidad de la propia naturaleza y la de los demás hombres. El primer paso hacia la violencia es siempre el envilecimiento del hombre, por eso se da allí donde el ser humano se siente a sí mismo lleno de suciedad. Sólo quien puede creer en la dignidad del hombre que él mismo es puede respetar la de los demás. Una pureza de corazón semejante, que es la auténtica defensa frente a la dominación de la violencia, no tiene nada que ver con la debilidad. Oponerse a la violencia no es debilidad, sino fuerza y valentía, en especial aquella forma de arrojo que’ sale fiadora del bien aun cuando quien lo hace se ponga en ridículo. Digámoslo de modo sencillo: lo que nuestra sociedad necesita es coraje para la virtud. Sólo ella puede vencer la violencia y establecer la verdadera fraternidad entre los hombres.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
Oración Por los Sacerdotes – Cura de Ars
Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.
Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.
¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.
¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.
¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad Amen.
Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes
Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.
María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.
Danos Señor vocaciones sacerdotales y religiosas
San Juan María Vianney ( cura de Ars)
