Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Yo los envío como a ovejas en medio de lobos

Viernes 10 de julio. Feria o ML (verde-rojo) San Agustín Zhao Rong, presbítero, y compañeros, mártires.

Lecturas
Os 14, 2-10
Sal 50 (51), 3-4.8-9.12-14.17

Evangelio segùn San Mateo 10, 16-23
Jesús dijo a sus apóstoles: Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquél que persevere hasta el fin se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.

En el encuentro con Cristo se establece, como lo expresaría la Teología, una «comunicación idiomática», un mutuo e íntimo intercambio en el nuevo y más grande yo, en el que me introduce y hace arraigar la transformación producida por la fe. De ese modo, el otro deja de ser definitivamente un extraño para mí. También él es miembro. Cristo quiere servirse de mis capacidades en favor del otro, incluso cuando no existe una atracción humana de índole puramente natural. Ahora puedo transmitir a los demás el asentimiento a Cristo que yo mismo experimento en mi vida, aun cuando no exista afecto natural. El lugar de las simpatías y antipatías puramente privadas lo ocupa la cordialidad de Cristo, su sufrimiento y amor compartidos. Merced a que participo del afecto de Jesús, que en la vida de la fe se transforma en simpatía verdaderamente mía, yo mismo puedo transmitir cordialidad, un sí más grande que el mío propio. Por lo mismo, puedo hacer que el otro perciba el asentimiento profundo que da sentido a cualquier asentimiento humano. No es posible considerar aquí más detenidamente el acontecimiento humano de un ágape semejante. Ese suceso exige práctica y paciencia. Mas también conlleva algunos contratiempos imprevistos. Es decir, supone que en la vida de la fe tiene lugar un intercambio de mi yo interior con Cristo, a fin de que su sí penetre en mí y se haga mío. Por otro lado, exige también ejercicio, en concreto, atreverse al sí que da al otro y para el que me necesita. Sólo con una osadía semejante, desacostumbrada e inquietante al principio, crece la fuerza para ello y se manifiesta de forma cada vez más evidente la relación pascual: el combate contra el propio egoísmo («negación de sí mismo») conduce a una alegría interior inmensa y lleva a la resurrección.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

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