Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Prefiero la misericordia al sacrificio… misericordia

Viernes 17 de julio. Feria (Verde)

Lecturas:
Is 38, 1-6.22.7-8.21
C.R. Isaías 38, 10-12abcd.16

Evangelio según San Mateo 12, 1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: “Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado”. Pero Él les respondió: “¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, Yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa ‘prefiero la misericordia al sacrificio’, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado”.

¿cómo podría estar seguro el hombre si quiere imaginar a Dios con sus solas fuerzas? ¿Cómo podría amar a alguien de quien nunca recibe respuesta? Sin embargo, Dios sale al encuentro de nuestra búsqueda en la oscuridad. En la comunidad de la fe nos habla, nos solicita, vive entre nosotros. La arrogancia presumida, que quiere ponerse por encima de la fe de la Iglesia y su comunidad de vida, termina inevitablemente en aversión hacia Dios y hacia sí mismo. En la comunidad, construida por Dios como prueba de su amor, es posible corresponder a él. De ello se infiere de modo enteramente natural que el amor a Dios no es una relación privada entre lo arcano, lo eterno y cada uno de nosotros individualmente. La comunidad creada por Él me sostiene. De ese modo, el amor retorna de nuevo a ella y se extiende más allá de sus límites: Dios quiere reunirnos a todos en la ciudad de la paz eterna. Todavía debemos añadir algo importante: el amor a que venimos refiriéndonos reclama al hombre entero. Para subrayar esta exigencia con absoluta claridad, el Antiguo Testamento menciona el corazón, el alma y la fuerza como portadores en el hombre del amor a Dios. Jesús añade un cuarto elemento: el pensar. De ese modo subraya que la razón interviene en nuestra relación con Dios y en nuestro amor a El. La fe no es un asunto de sentimiento exclusivamente, algo que, como consecuencia de la existencia en el hombre de un anhelo religioso, promovamos como asunto privado junto con los fines racionales de la vida cotidiana. La fe es ante todo el orden de la razón, algo sin lo que ésta pierde la medida y la capacidad para juzgar acerca de sus fines. La Biblia utiliza para referirse a lo más importante al respecto la expresión «como todo»: con todo el corazón, con toda el alma, con todo el pensamiento, con toda la fuerza. Sólo la relación con el Dios uno puede hacer del hombre un ser internamente perfecto. El hombre sólo deviene uno en sí mismo y uno consigo cuando se excede a sí mismo desde Dios. Cuando se suelta de este punto de anclaje no sólo se descompone en dos almas, sino en un número insoluble de configuraciones contradictorias. Ya no será nunca más un ser entero. Y su amor tampoco ofrecerá confianza.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

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