Martes, 23 de junio. Feria (verde) Santa Etheldreda de Ely
Lecturas
2 Rey 19, 9b-11.14-21.31-35a.36
Sal 47 (48), 2-4.10-11
Evangelio según San Mateo 7, 6.12-14
Jesús dijo a sus discípulos: No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.
La luz de Jesús se refleja en los santos y, desde ellos, irradia nuevamente. Ahora bien «santos» no son únicamente las personas nominalmente canonizadas. Los santos ocultos, que en comunidad con Jesús reciben un rayo de su resplandor, viven siempre la experiencia real y concreta de Dios. Para expresarlo con mayor precisión, tal vez debiéramos servirnos de unas extrañas palabras que el Antiguo Testamento emplea en relación con la historia de Moisés: Aun cuando no podéis ver completamente el rostro de Dios, podéis, no obstante, verlo: «su espalda» al menos le veréis (Éxodo 33 23). Así como el rostro de Moisés resplandece tras el encuentro con Dios, la luz de Jesús irradia de la vida de los hombres a que nos venimos refiriendo. Santo Tomás de Aquino ha desarrollado, incluso, el carácter científico de la Teología a partir de este estado de cosas. El Aquinate dice al respecto que la Teología es también una «ciencia subordinada» que no «ve» ni «demuestra» sus funda: mentos últimos. La ciencia teológica está suspendida, por así decir, del «saber de los santos», de su visión: ella es el punto de referencia del pensar teológico y el que garantiza su legitimidad. En este sentido, el trabajo del teólogo es siempre «secundario» relativo a la experiencia real del santo. Ésta es la humildad que se pide al teólogo… Sin el realismo de los santos, sin su contacto con la realidad de que se ocupa el saber teológico, la Teología se convierte en un vacío juego intelectual y pierde incluso su carácter de ciencia.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
