Jueves 30 de julio. Feria (Verde) o ML San Pedro Crisólogo, ob y dr de la Iglesia (Blanco)
Lecturas
Jer 18, 1-6
Sal 145 (146), 1b-6b
Evangelio según San Mateo 13, 47-53
Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?” “Sí”, le respondieron.
Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.
Como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, dice el Señor.
EI hombre espera la salvación de sí mismo y se cree capaz de procurársela. Con el primado del futuro se enlaza, pues, el de la praxis, el de la actividad humana, que se considera previa a cualquier otro comportamiento. La propia Teología se abre cada vez más decididamente a este modo de ver las cosas: la ortopraxis frente a la ortodoxia forma parte del plan. La «escatopraxis» parece más importante que la escatología. Así como en el pasado quedaba confiado a la ilustración popular decir al campesino que el abono químico es más eficaz que la oración, ahora se puede leer también, convenientemente adaptado a la nueva situación, algo semejante en la moderna literatura «religiosa». Se llega a decir, incluso, que, bajo determinadas circunstancias, la oración produce «disfunciones». Apenas se puede considerar ya como petición de ayuda divina, sino como recolección de ayuda para los poderes que el hombre es capaz de procurarse a sí mismo. La fe en el progreso, tan frecuentemente declarada muerta, revive de nuevo. Por su parte, el optimismo acerca de que el hombre podrá crear al fin y a la postre la ciudad del hombre encuentra nuevos partidarios. La ciudad del hombre, que para muchos es una bandera de su voluntad, tiene para otros un tono melancólico. La razón de ello está en que, junto con la esperanza, se extiende el temor. El miedo, que en los momentos más optimistas de la posguerra parecía haber desaparecido, crece de nuevo. Cuando los hombres pusieron los pies en la luna por primera vez, nadie pudo sustraerse al entusiasmo, el orgullo y la alegría provocados por el éxito tan grandioso alcanzado en este momento por el hombre. No se percibió el acontecimiento como triunfo de una nación, sino como victoria del hombre. Sin embargo, la alegría producida por el hecho de que el mismo hombre capaz de algo tan inaudito no pudiera evitar que año tras año mueran de hambre cientos o incluso millones de hombres, ni sea capaz de proporcionar a millones de hermanos una existencia humana digna, de acabar con la guerra o suprimir la marea creciente de crímenes, hacía que con los momentos de alegría se mezclara una profunda aflicción. Es más fácil encontrar el camino a la luna que el que conduce al hombre hacia sí mismo. El poder técnico no es necesariamente un poder humano. El poder sobre sí mismo reside evidentemente en un ámbito completamente distinto del que ocupa el del quehacer técnico.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
A esto estamos invitados, cada uno, cada una: a escuchar la palabra, acoger, entender, discernir, dentro de la red los caminos del Reino que Dios nos ofrece.
