Miércoles 08 de julio . Feria (verde)
Lecturas
Os 10, 1-3.7-8.12
Sal 104 (105), 2-7
Evangelio según San Mateo 10, 1-7
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”.
De qué te sirve saber de memoria la Biblia entera y las sentencias de todos los filósofos sin el amor y la gracia de Dios?», «Todo hombre tiene un deseo natural de saber. Ahora bien, ¿qué beneficio reporta el saber sin religiosidad?», «Es mejor, de hecho, ser un inculto que sirve a Dios, que un intelectual altanero que explora el curso del cielo y se descuida de sí mismo al hacerlo», «Renuncia a la curiosidad excesiva, pues en ella hay mucho engaño e interna vaciedad». Si damos un paso hacia atrás, encontraremos algo semejante a todo Io anterior en uno de los santos más grandes de la historia de la Iglesia: San Francisco de Asís. Repetidamente se llama a sí mismo, poniendo un acento especial en ello, «sencillo e ignaro, ignorante e iletrado» (simplex et ydiota, ignorans et ydiota). En la llamada primera regla podemos encontrar, entre otras, las siguientes proposiciones: «Guardémonos de la sabiduría de este mundo y de la astucia de la carne; el espíritu sensual trata por todos los medios de tomar la palabra, pero se preocupa muy poco de realizarla; no busca la religiosidad y santidad internas, sino sólo lo que los hombres pueden percibir» (…). Sobre el particulár sigue en pie el testimonio de las Sagradas Escrituras. Piénsese en la mordaz ironía con la que San Pablo, en la Epístola I a los Corintios, hace frente a la sabiduría de los griegos oponiéndole la ingenuidad de la predicación cristiana. La cruz del hijo del carpintero de Nazaret se revela al cristiano como la sabiduría de Dios, a la que los hombres, con toda su sabiduría, han dirigido la mirada (1,21).
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
