Jueves 23 de julio. Feria o ML (verde-blanco) San Charbel Makhlüf, presbítero Santa Brígida, religiosa.
Lecturas:
Jer 2, 1-3.7-8.12-13
Sal 35 (36), 6-7b.8-11
Evangelio según San Mateo 13, 10-17
Los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Por qué le hablas a la multitud por medio de parábolas?”. Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: ‘Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán.
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y Yo no los sane’.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo ustedes oyen, y no lo oyeron”.
La pregunta que realmente nos agita y nos acosa se puede formular así: ¿por qué es preciso todavía que prestemos nosotros el servicio entero de la fe cristiana? ¿Cómo es que habiendo muchos otros caminos que conducen al cielo y a la salvación se nos exige a nosotros, sin embargo, que llevemos día tras día el peso del dogma y del ethos de la Iglesia? Nos enfrentamos, pues, con esta pregunta: ¿cuál es verdaderamente la realidad cristiana? ¿Dónde reside lo peculiar —el cristianismo, aquello que no sólo lo justifica, sino que lo hace obligatorio? Al plantear la pregunta por el fundamento y el sentido de nuestra existencia cristiana, escondemos con frecuencia en ella una falsa mirada de soslayo a la vida, supuestamente más cómoda, de quienes «también» van al cielo. Nos parecemos demasiado a los trabajadores contratados en las primeras horAs de los que se habla en la parábola de la viña del Señor (Mt 20,1-16). Cuando comprobaron que para otros era mucho más sencillo conseguir el jornal de un denario, fueron incapaces de percibir por qué se habían matado trabajando durante todo el día.
iQué extraña es la actitud que no encuentra seductor el servicio cristiano, cuando también sin él se puede alcanzar la salvación! Por lo visto no queremos ser recompensados solamente con nuestra salvación, sino sobre todo con la desgracia de los demás, como los trabajadores contratados al comienzo de la jornada. Esta actitud es eminentemente humana, pero también profundamente anticristiana.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
