Lunes 20 de julio. Feria o ML (verde-rojo) San Apolinar, Obispo y mártir.
Lecturas:
Miq 6, 1-4.6-8
Sal 49 (50), 1.5-6.8-9.16b-17.21.23
Evangelio según San Mateo 12, 38-42
Algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús: “Maestro, queremos que nos hagas ver un signo”. Él les respondió: “Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay Alguien que es más que Jonás.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón”.
Es invisible, limitado tal vez al alma, el rasgo por cuya virtud el hombre es imagen de Dios? Si así fuera no sería tal cosa, pues la imagen es esencialmente algo que se puede ver. Y de hecho se puede ver, mas no en detalles fugaces, sino en aquellos gestos en que se revela la vida: en la bondad de una madre, en la honradez de un hombre, en la fidelidad de un amigo en momentos difíciles, en la paciencia del que sufre, en la pureza y madurez del orante. Cuando se perciben estas cosas, se ve la imagen de Dios. Los hombres que pudieron observar día tras día en su puerta la inagotable paciencia del hermano Konrad, su firmeza y su bondad vieron centellear la imagen de Dios. Las personas, ateas incluso, que oían cantar a Maximilian Kolbe en el búnker del hambre y veían el rostro radiante del hambriento, tuvieron que percibir sin quererlo algo del resplandor de lo enteramente otro. Los hambrientos y moribundos, recogidos en las calles de Calcuta por las hermanas de la Madre Teresa y envueltos en un amor extraño para ellos, ven de hecho que existe Dios. ¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! Sólo viviendo esto podemos empezar a entenderlo. Por lo mismo, sólo entonces podremos empezar a comprender nuestro comienzo y nuestra meta, nuestro origen y nuestro destino, pues ambos son inseparables. i Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! En el relato del Génesis que consideramos13 el pecado no es descrito como una posibilidad abstracta, sino como un hecho, como pecado de alguien —Adán— que está en el comienzo de la humanidad y del que parte la historia de la caída. El relato nos dice que el pecado produce pecado. Todos los pecados de la humanidad guardan, pues, relación entre sí.
13 EE autor está considerando, efectivamente, el Génesis en la obra —lm Anfang schuf Gott—, de la que está tomado el texto. Cfr. nota 1. (N. del T.)
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
