Martes 07 de julio. Feria (verde)
Lecturas
Os 4, 1; 8, 4-7.11-13
Sal113B (115), 3-7ab.8-10
Evangelio según San Mateo 9, 32-38
Le presentaron a Jesús un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: “Jamás se vio nada igual en Israel”.
Pero los fariseos decían: “Él expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios”. Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.
Dios tiene un designio para cada uno de nosotros que es nuestro comienzo originario. La validez de esta afirmación no es remota ni meramente general. Su contenido está vigente para cada uno de nosotros. Aun cuando exteriormente pueda parecerlo, no hay nadie que exista de modo accidental. Cada hombre es querido. Por lo mismo, son necesitados todos. Para cada uno hay un sentido y una misión en el univerSo. Viviremos tanto más plenamente y seremos tanto más felices cuanto mejor los conozcamos, cuanto más intensamente vivamos la voluntad de Dios y nos identifiquemos con ella. Ahora bien, podemos preguntarnos, ¿cuál es esa voluntad? , ¿qué clase de idea persigue con el hombre? Sobre este particular hay que decir lo siguiente: la voluntad divina tiene su propia idea para cada hombre, cada uno es especial, ninguno es exclusivamente un ejemplar de un producto repetido millones de veces. Cada hombre es un individuo único que no se repite nunca. Dios los quiere a todos en su singularidad irrepetible. Eso significa, por tanto, que no llama a cada hombre sirviéndose de un concepto, que sólo El conoce y pertenece exclusivamente a El. Existe una llamada específica para cada uno. Viviendo con el corazón despierto y en diálogo en intercambio con Dios, podremos percibir que acaso nos necesita en un puesto aparentemente sin importancia. Sin embargo, en él somos inmensamente importantes. Es preciso recordar que los hombres aparentemente más olvidados e insignificantes del mundo —una mujer joven de Nazaret, pescadores del mar de Genezaret— llegaron a tener una importancia inmensa. No siempre ocurre lo mismo. Sin embargo, Dios quiere, necesita a cada hombre para que su mundo llegue a ser lo que Él quiere que sea.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
Oración por las Vocaciones (Papa Francisco)
Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización. Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso. Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.
