Domingo 5 de julio. 14° durante el año. Feria (verde)
Lecturas
Za 9, 9-10
Sal 144 (145), 1-2.8-11.13c-14
Rom 8, 9.11-13
Evangelio según San Mateo 11, 25-30
Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce el Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
De qué te sirve saber de memoria la Biblia entera y las sentencias de todos los filósofos sin el amor y la gracia de Dios?», «Todo hombre tiene un deseo natural de saber. Ahora bien, ¿qué beneficio reporta el saber sin religiosidad?», «Es mejor, de hecho, ser un inculto que sirve a Dios, que un intelectual altanero que explora el curso del cielo y se descuida de sí mismo al hacerlo», «Renuncia a la curiosidad excesiva, pues en ella hay mucho engaño e interna vaciedad». Si damos un paso hacia atrás, encontraremos algo semejante a todo Io anterior en uno de los santos más grandes de la historia de la Iglesia: San Francisco de Asís. Repetidamente se llama a sí mismo, poniendo un acento especial en ello, «sencillo e ignaro, ignorante e iletrado» (simplex et ydiota, ignorans et ydiota). En la llamada primera regla podemos encontrar, entre otras, las siguientes proposiciones: «Guardémonos de la sabiduría de este mundo y de la astucia de la carne; el espíritu sensual trata por todos los medios de tomar la palabra, pero se preocupa muy poco de realizarla; no busca la religiosidad y santidad internas, sino sólo lo que los hombres pueden percibir» (…). Sobre el particular sigue en pie el testimonio de las Sagradas Escrituras. Piénsese en la mordaz ironía con la que San Pablo, en la Epístola I a los Corintios, hace frente a la sabiduría de los griegos oponiéndole la ingenuidad de la predicación cristiana. La cruz del hijo del carpintero de Nazaret se revela al cristiano como la sabiduría de Dios, a la que los hombres, con toda su sabiduría, han dirigido la mirada (1,21).
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
