Jueves 28 de mayo. Feria (verde). Santos Emilio y Germán.
Lecturas
1 Pe 2, 2-5.9-12
Sal 99 (100), 1b-5
Evangelio según San Marcos 10, 46-52
Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!».
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!».
Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Ánimo, levántate! Él te llama». Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él le respondió: «Maestro, que yo pueda ver». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Siento como un grito en mi corazón… “¡Maestro, que podamos ver!”.
Ayudame a tener una vida que valga la pena ser vivida, entregada a la realidad que nos rodea… Los pibes que están en mi puerta.
