Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto

Miércoles 06 de mayo. 

Lecturas

Hch 15, 1-6
Sal 121 (122), 1-5

Evangelio según San Juan 15, 1-8

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que Yo les anuncié. Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Dios tiene un designio para cada uno de nosotros que es nuestro comienzo originario.

La validez de esta afirmación no es remota ni meramente general. Su contenido está vigente para cada uno de nosotros. Aun cuando exteriormente pueda parecerlo, no hay nadie que exista de modo accidental. Cada hombre es querido. Por lo mismo, son necesitados todos.
Para cada uno hay un sentido y una misión en el universo. Viviremos tanto más plenamente y seremos tanto más felices cuanto mejor los conozcamos, cuanto más intensamente vivamos la voluntad de Dios y nos identifiquemos con ella. Ahora bien, podemos preguntarnos, ¿cuál es esa voluntad?, ¿qué clase de idea persigue con el hombre? Sobre este particular hay que decir lo siguiente: la voluntad divina tiene su propia idea para cada hombre, cada uno es especial, ninguno es exclusivamente un ejemplar. de un producto repetido millones de veces. Cada hombre es un individuo único que no se repite nunca. Dios los quiere a todos en su singularidad irrepetible.
Eso significa, por tanto, que no llama a cada hombre sirviendose de un concepto, que sólo El conoce y pertenece exclusivamente a El. Existe una llamada específica para cada uno. Viviendo con el corazón despierto y en diálogo en intercambio con Dios, podremos percibir que acaso nos necesita en un puesto aparentemente sin importancia. Sin embargo, en él somos inmensamente importantes. Es preciso recordar que los hombres aparentemente más olvidados e insignificantes del mundo —una mujer joven de Nazaret, pescadores del mar de Genezaret— llegaron a tener una importancia inmensa. No siempre ocurre lo mismo. Sin embargo, Dios quiere, necesita a cada hombre para que su mundo llegue a ser lo que Él quiere que sea.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

Inmaculado Corazón de María

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