Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Marta dijo a Jesús: Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Miércoles 29 de julio. MO (Blanco) Santos Marta, María y Lázaro

Del Martirologio Romano: Memoria de santa Marta, María, Lázaro, quienes recibieron en su casa de Betania de Jerusalén, a Jesús el Señor. Marta le ofreció generosamente hospitalidad, María escuchó atentamente sus palabras y Lázaro salió rápidamente del sepulcro por mandato de Aquél que ha humillado a la muerte.

Lecturas:
1 Juan 4, 7-16
Sal 33, 2-11

Evangelio propio: Juan 11, 19-27
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano Lázaro. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le dijo:
«Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».

No deberíamos volver a reconocer nuevamente y a aceptar que el hombre no tiene por qué avergonzarse de tener una u otra edad, cuando las acepta interiormente y lleva cada una de ellas a su culminación? ¿No deberíamos aprender a reconocer en esta encrucijada del tiempo que transcurre y se renueva que el hombre precisa su entera existencia, desde la niñez hasta la ancianidad, para ser auténtico hombre? ¿No deberíamos intentar aceptar el tiempo entero del hombre? ¿No sería conveniente tener tolerancia hacia los demás o, mejor aún, aceptar su modo de ser, sabiendo que todos tenemos algo que dar a los otros? Para decirlo de modo concreto: ¿qué sería del mundo y de la Iglesia sin la límpida, cándida e invariable fe de los niños, cuya naturaleza infantil no se debe extinguir en una madurez precoz, tal como ocurre hoy frecuentemente? ¿Qué sería de la Iglesia y del mundo sin la inquietud apremiante, sin las preguntas, volcadas siempre hacia adelante de los jóvenes? ¿Qué sería de éstos sin la decisión de quienes se encuentran en la cima de la vida, sin la madurez de la experiencia, sin la paciencia sosegada y la serenidad capaz de renunciar de los ancianos? ¿Qué sería de todos nosotros sin la confianza recíproca, sin la disposición para descubrirnos y aceptarnos unos a otros? En este tiempo en que domina el futuro y acaso por ello mismo— las horas están detenidas a partir de un determinado momento, lo más importante es la respuesta afirmativa, íntima y sin reservas a los ancianos. Por lo mismo, es de enorme importancia aprender a envejecer y a aceptar tiempo y futuro.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

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