Viernes 24 de Julio, MO (Blanco) San Francisco Solano, Pbro.
Lecturas:
Jer 3, 14-17
C.R.: Jeremías 31, 10-12b.13
Evangelio según San Mateo 13, 18-23
Jesús dijo a sus discípulos: Escuchen lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta enseguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.
Debemos ser el pueblo peregrino de Jesús, dispuesto a afrontar el gran examen en que el Señor nos preguntará sobre la fe que debe llegar a ser nuestra vida. La doble significación del apostolado aparece aquí de modo completamente evidente. Por un lado, como misión de los padres de realizar catequesis en la familia, más necesaria hoy que nunca. Sabemos muy bien cuánta contracatequesis tiene lugar en el mundo de nuestros días, cuán débilmente se percibe’ en él la palabra de la fe. Tenemos conciencia igualmente de cuán necesario es que la fe engendre y dé testimonio de vida en la comunidad familiar y que la vida, por su parte, dé resonancia, fuerza y credibilidad a la fe. Sólo cuando se recogen en la familia las experiencias de la fe, pueden hacerse realidad y tener un contenido capaz de conformar la vida las palabras que resuenan en la escuela y en la Iglesia. Por otro lado, como catequesis no dirigida exclusivamente a esos círculos estrechos, al pequeño oasis —sin olvidar que es muy importante hacerla también en ellos sino fuera de él, a fin de que pueda volver a ser nuevamente una tierra llena de flores. Allí donde estemos y donde vivamos debemos ser testimonio de fe con el valor que ella da. Cuando se nos dirijan preguntas, debemos ser capaces de responder y de preguntar por nuestra parte, a fin de que despierte la falta de fe y la negligencia del corazón y surja de nuevo la pregunta por Dios, que encuentra su respuesta en el Señor, la única respuesta verdadera a la pregunta en que consiste nuestra vida. Apostolado como misión fundamental del cristiano en la comunidad viajera, en la familia peregrina del Señor.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
