Sábado 16 de mayo. San Luis Orione, Pbro. (F o ML)VI de Pascua. blanco. Por la tarde Ascensión del Señor. (Solemnidad) Blanco.
Lecturas
Hch 18, 23-28
Sal 46 (47), 2-3.8-10
Evangelio según san Juan 16, 23b-28
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que Yo ruegue al Padre por ustedes, ya que Él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que Yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre.
La Ascensión de Nuestro Señor imprime en nosotros el recuerdo de la grandeza.
Nos inmuniza contra el falso moralismo de desacreditar al hombre, nos enseña veneración y nos devuelve la alegría de ser hombres. Cuando se considera todo esto, se derrumba por sí misma la afirmación de que la Ascensión de Nuestro Señor es la canonización de una imagen del mundo pasada de moda. Se trata de las dimensiones del ser humano, no de las plantas del universo, dé Dios y del hombre, de la verdadera altura del ser humano, no del emplazamiento de las estrellas. Esta idea no nos debe llevar a pensar el cristianismo como religión completamente desmundanizada, ni a convertir la fe exclusivamente en un problema de convicción. Existe una concreta y conveniente relación entre la fe y la totalidad del mundo creado, para lo cual, por lo demás, la vieja imagen del mundo puede llegar a ser también una orientación. Esta comprensión no es en absoluto fácil de explicar, habida cuenta de que nuestra capacidad de representación ha sido alterada por la utilización técnica del mundo. Tal vez pueda servir de ayuda recordar el tipo clásico de los iconos de la Ascensión del Señor característico de la Iglesia oriental. El que el Monte de los Olivos fuera el escenario de ese suceso se indica en ellos mediante unas ramas de olivo que descuellan entre la silueta que separa el cielo y la tierra. Con ello se alude, ante todo, al recuerdo de la noche de Getsemaní: el lugar del miedo se torna lugar de seguridad. La restauración del hombre se consuma precisamente en el lugar en que fue representado interiormente el drama de la muerte y de su humillación. Ahí precisamente comienza su verdadero ascenso.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
