Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Viernes 12 de junio. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (Blanco) – Jornada mundial de oración por la santificación Sacerdotal.

Deut 7, 6-11
Sal 102 (103), 1-4.6-8.10
1 Jn 4, 7-16

Evangelio según San Mateo 11, 25-30
Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

EI ministerio sacerdotal tiene una función de reconciliación. En el sacramento del bautismo y en la instrucción de la fe el sacerdote conduce a los hombres a la reconciliación con el Dios vivo, a fin de que ya no lo vean a El ni a su mundo como amenaza y perciban el amor en sentido eminente. Al sacerdote le está encomendada la tarea de hacer presente ante nosotros los dones de Dios. Además de ello, su miSión consiste en hacernos ingresar en ellos. A fin de que nosotros mismos nos tornemos, como dice el Canon, ofrenda en él. El sacerdote debe erigir el sacrificio de Jesucristo, en el que las cosas de este mundo se tornan glorificación de Dios y en el que la nueva vida resurge del sufrimiento. Ahora bien, el sacerdote no está llamado sólo a hablar de Dios, sino a hablar con El por todos nosotros y a conducirnos hasta la suprema posibilidad del habla humana, consistente en hacer que nuestra palabra devenga diálogo con el Dios vivo. Al lado del servicio del Evangelio o, más exactamente, dentro de él, destaca el servicio de los sacramentos, de aquellos signos en los que el Señor sigue tocando también hoy nuestros sentidos. En los sacramentos Dios no habla sólo a nuestro entendimiento, a nuestro pensamiento y a lo más íntimo de nuestro corazón, sino que en ellos se manifiesta a través de fenómenos de este mundo. Por esa razón cabe decir que el mundo es el lugar del contacto con la vida de Dios. Podríamos hacernos naturalmente la siguiente pregunta, ¿no es todo esto —sacramento y palabra, Eucaristía, bautismo, penitencia, oración— algo pensado exclusivamente dentro del ámbito cristiano? ¿No significa todo ello una huida de las grandes tribulaciones de este mundo? ¿No hay en nuestros días, en medio de destrucciones y amenazas de todo tipo, en un mundo de injusticia estructural, nada más urgente e importante que hacer? ¿No se debería primero cambiar radicalmente el mundo para poder disponer posteriormente de tiempo para todo ello? La oración de los talentos nos da la respuesta a esas preguntas cuando dice: «todo ello sucede para la salvación del mundo». No es meramente autoocupación piadosa en la que una comunidad se afirma a sí misma y busca un pequeño oasis de felicidad al margen de las tribulaciones de la vida cotidiana.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

Oración por los Sacerdotes

Oh Jesús, que has instituido el sacerdocio 

para continuar en la tierra la obra divina de salvar las almas,
protege a tus sacerdotes (especialmente a: …………..)
en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.

Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS,
que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,
y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.

Haz que se preserven puros sus Corazones,
marcados con el sello sublime del SACERDOCIO,
y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.
Bendice sus trabajos y fatigas y que como fruto de su apostolado obtenga la salvación de muchas almas que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. 

Amén.

Inmaculado Corazón de María

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