Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

No endurezcamos el corazón, sino escuchemos la voz del Señor.

Martes 14 de julio. Feria o ML (verde – Blanco) San Camilo de Lelis, presbítero (Blanco)

Lecturas:
Is 7, 1-9
Sal 47 (48), 2-8

Evangelio según San Mateo 11, 20-24
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. “¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú”.

Como la Teología no puede proporcionar ya la forma general de la fe, la propia catequesis está expuesta a la desmembración y a experimentos siempre nuevos. Algunos catecismos y muchos catequistas no enseñan ya la fe católica en su totalidad armónica en la que cada verdad supone las demás y las aclara—, sino que intentan hacer humanamente «interesantes» algunos elementos de la herencia cristiana según las orientaciones culturales del momento. Se subrayan ciertas partes de la Biblia, porque se consideran «más próximas al sentir de hoy», mientras que otras son omitidas por el motivo contrario. Así pues, ya no enseñan una catequesis íntegra, que debería proporcionar una educación completa de la fe: sólo suministran reflejos e iniciativas de experiencias antropológicas subjetivas y parciales. El primer error en este proceso fue suprimir el catecismo y declarar pasado de moda el género «catecismo». Es urgente recordar que desde los primeros tiempos del cristianismo aparece un «núcleo» permanente e irrenunciable genuino de la catequesis y, por consiguiente, de la educación en la fe. El propio Lutero lo utilizó para su catecismo con la misma naturalidad con que se sirvió del catecismo romano propuesto en Trento. Cualquier tratamiento de la fe se dispone, pues, en torno a cuatro elementos fundamentales: el Credo, el Padrenuestro, el Decálogo y los Sacramentos. De ese modo queda localizado el fundamento de la vida cristiana, la síntesis de la doctrina de la Iglesia fundada en las Escrituras y en la tradición. En ellas encuentra el cristiano lo que tiene que creer (Symbolom o Credo), lo que tiene que esperar (Padrenuestro) y Io que tiene que hacer (Decálogo). Finalmente, en ellas se determina el espacio vital en que todo ello se realiza (Sacramentos). En amplios dominios de la actual catequesis se ha abandonado esta estructura fundamental, con los resultados que podemos comprobar: descomposición del sensus fidei en las nuevas generaciones, que con frecuencia no están capacitadas para alcanzar una visión completa de su religión.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

Inmaculado Corazón de María

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba