Lunes 20 de abril – Feria. Blanco.
Lecturas
Hch 6, 8-15
Sal 118 (119), 23-24.26-27.29-30
Evangelio según San Juan 6, 22-29
Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.
Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.»
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?»
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que Él ha enviado.»
Aunque ya he mencionado que la aceptación de Jesucristo en el seno de la Iglesia no neutraliza en modo alguno el vigor de su figura —que excede de modo siempre estimulante las formas habituales de religiosidad—, cuando continúo reflexionando viene a mi conciencia un nuevo estado de cosas semejante al anterior, que puede parecer tan paradójico como él, si bien ambos responden en realidad a una profunda lógica interna. El que yo haya aprendido a ver y a conocer a Jesús gracias a la hermenéutica de Calcedonia no significa, ciertamente, que se deba despreciar la interpretación de una parte de la tradición apoyándonos en que tal vez parezca como divina y no se pueda, en consecuencia, conciliar con el contenido del dogma. Ocurre justamente lo contrario: la tradición de la Iglesia, en la que el movimiento fundado por Jesús ha subsistido vivo hasta hoy, me da confianza igualmente acerca de la tradición bíblica, en cuya realidad confío más que en los intentos de reconstruir un Jesús histórico químicamente puro con ayuda de la retorta de la razón histórica. Yo confío en la tradición en toda su extensión. Y cuantas más reconstrucciones veo ir y venir, tanto más firmemente me siento fortalecido en esa confianza. Cada vez me resulta más claro que la hermenéutica de Calcedonia es la única que no precisa rechazar ninguna interpreta-ción, pues puede abrazar la totalidad del mensaje cristiano. Cualquiera otra debe suprimir ciertas par-tes, más o menos grandes, del legado histórico en nombre de una penetración supuestamente más ade-cuada. Mas la autoridad que fuerza a hacer tales supresiones es exclusivamente la correspondiente a una forma determinada de pensar, cuyos condicionamientos históricos han de ser modificados frecuentemente de forma clara. Frente a autoridades parciales de ese tipo, la fuerza vital de la tradición tiene a mi juicio un peso incomparablemente mayor. De ahí que la polémica sobre la ipsissima vox no tenga en mi opinión una importancia excesiva. Yo sé que el Jesús de los Evangelios es el verdadero Jesús, que puedo confiarme a El con mayor tranquilidad que a las más doctas reconstrucciones, pues Jesús sobrevivirá a todas ellas. La amplitud y cromaticidad ilimitadas de la tradición evangélica me informa de quién es y quién era Jesús. En ella se deja ver y oír de un modo siempre nuevo. Como conclusión habría que añadir que el que cree con la Iglesia se encuentra directamente con Jesús en la oración y en los sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía. Mas el que quiera empezar a hablar de ello reconocerá rápidamente que la disciplina arcana de la antigua Iglesia es mucho más que una adopción temporal de los usos de las religiones paganas. En su núcleo esencial remite a aquel ámbito que sólo se puede enunciar con sentido en la experiencia de la fe.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
