Martes 09 de junio, San Efrén, diácono y Dr. de la Iglesia. Feria-verde.
Lecturas
1 Rey 17, 1-6
Sal 120 (121), 1-8
Evangelio según San Mateo 4, 25—5, 12
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.
La luz de Jesús se refleja en los santos y, desde ellos, irradia nuevamente. Ahora bien «santos» no son únicamente las personas nominalmente canonizadas. Los santos ocultos, que en comunidad con Jesús reciben un rayo de su resplandor, viven siempre la experiencia real y concreta de Dios. Para expresarlo con mayor precisión, tal vez debiéramos servirnos de unas extrañas palabras que el Antiguo Testamento emplea en relación con la historia de Moisés: Aun cuando no podéis ver completamente el rostro de Dios, podéis, no obstante, verlo: «su espalda» al menos le veréis (Éxodo 33 23). Así como el rostro de Moisés resplandece tras el encuentro con Dios, la luz de Jesús irradia de la vida de los hombres a que nos venimos refiriendo. Santo Tomás de Aquino ha desarrollado, incluso, el carácter científico de la Teología a partir de este estado de cosas. El Aquinate dice al respecto que la Teología es también una «ciencia subordinada» que no «ve» ni «demuestra» sus funda: mentos últimos. La ciencia teológica está suspendida, por así decir, del «saber de los santos», de su visión: ella es el punto de referencia del pensar teológico y el que garantiza su legitimidad. En este sentido, el trabajo del teólogo es siempre «secundario» relativo a la experiencia real del santo. Ésta es la humildad que se pide al teólogo… Sin el realismo de los santos, sin su contacto con la realidad de que se ocupa el saber teológico, la Teología se convierte en un vacío juego intelectual y pierde incluso su carácter de ciencia.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
