01 de Junio, San Justino, Ob y mártir. Memoria obligatoria. (rojo)
Lecturas
2 Pe 1, 2-7
Sal 90 (91), 1-2.14-16
Evangelio según San Marcos 12, 1-12
Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y les dijo:
“Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.
De nuevo les envió a otro servidor, y a éste también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes.
Envió a un tercero, y a éste lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros. Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Pero los viñadores se dijeron: “Éste es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra”. Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.
¿No han leído este pasaje de la Escritura: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: ésta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?”
Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.
«Enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado.» La fe exige una doctrina y un comportamiento ético, no un sentimiento vago acerca de la realidad trascendente e inefable. La fe impregna el corazón del hombre y, desde la profundidad del corazón, empapa el entendimiento y la voluntad. La fe exige una educación continua de la personalidad entera, una disposición a aprender durante toda la vida y a no dejar de ser alumno de la escuela de Cristo. Enseñar es una vocación cristiana, una obra de misericordia, pues la carencia de verdad, la falta de conocimiento es una forma de pobreza más grave que la puramente material. No es posible enseñar, si no se instruye acerca de la esencia del hombre, si no se transmite una cultura completa de lo humano. Por lo demás, toda educación dirigida a hacer que la naturaleza del hombre sea buena debe orientarse por el arte de ser hombre. El corazón de este arte es la fe. En nuestra época se ha ofrecido frecuentemente una concepción puramente intelectual de la enseñanza. De acuerdo con ella, cualquier intento de educación que parta de la verdad de nuestro ser es interpretado como ataque a la libertad y a la capacidad de autodeterminación del individuo. Este punto de vista sería adecuado, si no existiera ninguna verdad anterior a nuestra vida dada a ella de antemano. Ahora bien, la propia autodeterminación autónoma del individuo singular queda como algo absurdo y termina en la nada. Mas si existe una verdad del hombre, si nuestra existencia es realización de un pensamiento de la verdad eterna, su proclamación y la ayuda para que la vida se encamine hacia ella constituyen el paso decisivo de la liberación del hombre, que es liberación del absurdo y de la nada para encaminarse hacia la plenitud de su destino.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
