Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Martes Santo – Dios ha sido glorificado en Él

Lecturas:
1er Lect Is 49, 1-6
Sal 70 (71) 1-4.5-6.15-17

Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38
Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».

Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?».

Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.

En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.

Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: “A donde yo voy, ustedes no pueden venir”.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».

Pedro le preguntó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti».

Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

Mirando el texto, vemos en el centro la traición y la glorificación. Mirando descubrimos el contexto de comida compartida. Vemos al Maestro y los discípulos. Vemos una escena de contraste entre la belleza de la glorificación y la noche de la traición. Luz y tiniebla. Amor ofrecido y traición programada. Mirando la escena descubrimos cercanía física, pero lejanía de lo que está sucediendo.

Escuchamos que hay un anuncio de traición y desconcierto. Ninguno comprendió de qué se trataba. Escuchamos que hay un proceso, que no depende de las ganas de cada uno. Un proceso que manifiesta dejar los tiempos en las manos del Padre. “Ahora no, lo harás después”.

Elegir frente al anuncio del Maestro, seguir la luz, o la oscuridad de la noche. Elegir la traición como camino es fuerte, pero tantas veces pesa más en el momento de elegir, la ganancia personal, que el proyecto compartido. Es fea y dura la traición, pero es expresión de lo que tantas veces se queda en palabras: “Daré la vida por ti. “Antes que cante el gallo me habrás negado tres veces”.

El llamado es actuar, aceptando los tiempos de Dios, y siendo conscientes de nuestra fragilidad. ¿Mueve mi actuar la fidelidad al proyecto del Padre manifestado en Jesús? ¿Me quedo solo en palabras cuando se trata de jugarme por lo que creo? Soy capaz de reconocer y llorar mis pequeñas o grandes traiciones a los valores del Reino?

Inmaculado Corazón de María

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