Domingo 02 de agosto. 18ª durante el año. Feria (verde)
Lecturas
Is 55, 1-3
Sal 144 (145), 8-9.15-18
Rom 8, 35.37-39
Evangelio según San Mateo 14, 13-21
Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó. Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Éste es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos” . Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados” . “Tráiganmelos aquí”, les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
EI amor a Dios, que ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo, incluye el amor al prójimo. Cuando Jesús recuerda el primer mandamiento, añade inmediatamente: «El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,39-40). San Pablo dice, por su parte, que el amor es el cumplimiento perfecto de la ley. El amor al prójimo no conoce límites, se extiende incluso a los enemigos y perseguidores. La perfección a que, como imagen de la del Padre celestial, debe aspirar el discípulo reside en la misericordia. La parábola del buen samaritano muestra que, cuando está lleno de compasión en el servicio al prójimo, el amor destruye los prejuicios que unos grupos étnicos o sociales tienen de otros. Las cartas de San Pablo muestran con abundancia inagotable los sentimientos sostenidos por el amor al prójimo. El amor cristiano puro y universal surge en su misma esencia del amor a Cristo, que ha entregado su vida por nosotros: «como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Ioh 13,34). Éste es el «mandamiento nuevo» para los discípulos. A la luz de él, San Jacobo recuerda a los ricos sus obligaciones severamente, y San Juan asegura que quien dispone de las riquezas de este mundo, pero cierra su corazón al hermano necesitado, no puede tener el amor de Dios que habita en él. El amor a los hombres es la prueba de toque del amor a Dios, «pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve» (Epístola I de San Juan 4,20). San Pablo subraya enérgicamente el vínculo que existe entre participar en el sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo y compartir con los hermanos menesterosos.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
