Martes 28 de julio. Feria (verde)
Lecturas
Jer 14, 17-22
Sal 78 (79), 8-9.11.13
Ev según San Mateo 13, 36-43
Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”. Él les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo, del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”
EI hombre tiene un poder absoluto sobre el cosmos. Conoce sus funciones y las leyes que prescriben su curso. Su saber es poder: puede hasta cierto punto desmontar el mundo y montarlo de nuevo. Para él es sólo una estructura funcional que utiliza y a la que obliga a ponerse a su servicio. En un mundo concebido de ese modo no hay lugar para la intervención de Dios. La ayuda que el hombre necesita está exclusivamente en el hombre, pues el poder no es Dios. Cuando el único título del poder es el hombre, deja de estar presente Dios. Estas reflexiones ponen de manifiesto algo decisivo en torno a la pregunta sobre el conocimiento humano de Dios. En particular, que el conocimiento de Dios no es, en última instancia, una cuestión de pura teoría, sino sobre todo un problema de praxis vital: depende de la relación que el hombre establezca entre sí mismo, el mundo y su propia vida. Por lo demás, el problema del poder es únicamente un aspecto, precedido por decisiones de profundo alcance, de la relación entre el propio yo, el tú y el nosotros, de la experiencia de ser amado o rechazado. De las experiencias fundamentales y decisiones básicas sobre la reunión del yo con el tú y el nosotros depende también que el hombre considere estar con los demás —o que otro le preceda— como competencia, como peligro o como fundamento para la confianza. Finalmente, de ello depende también que, a la larga, tenga que combatir a este testigo o pueda decirle sí respetuosamente y con agradecimiento.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
