Sábado 18 de julio. Feria o ML (Verde-blanco) Santa María en sábado
Lecturas:
Miq 2, 1-5
Sal 9 A (9), 1-4b.7-8b.14
Evangelio según San Mateo 12, 14-21
Los fariseos se confabularon para buscar la forma de acabar con Jesús. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Grandes multitudes lo siguieron, y los sanó a todos.
Pero Él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: “Éste es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre Él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre”.
EI hombre espera la salvación de sí mismo y se cree capaz de procurársela. Con el primado del futuro se enlaza, pues, el de la praxis, el de la actividad humana, que se considera previa a cualquier otro comportamiento. La propia Teología se abre cada vez más decididamente a este modo de ver las cosas: la ortopraxis frente a la ortodoxia forma parte del plan. La «escatopraxis» parece más importante que la escatología. Así como en el pasado quedaba confiado a la ilustración popular decir al campesino que el abono químico es más eficaz que la oración, ahora se puede leer también, convenientemente adaptado a la nueva situación, algo semejante en la moderna literatura «religiosa». Se llega a decir, incluso, que, bajo determinadas circunstancias, la oración produce «disfunciones». Apenas se puede considerar ya como petición de ayuda divina, sino como recolección de ayuda para los poderes que el hombre es capaz de procurarse a sí mismo. La fe en el progreso, tan frecuentemente declarada muerta, revive de nuevo. Por su parte, el optimismo acerca de que el hombre podrá crear al fin y a la postre la ciudad del hombre encuentra nuevos partidarios. La ciudad del hombre, que para muchos es una bandera de su voluntad, tiene para otros un tono melancólico. La razón de ello está en que, junto con la esperanza, se extiende el temor. El miedo, que en los momentos más optimistas de la posguerra parecía haber desaparecido, crece de nuevo. Cuando los hombres pusieron los pies en la luna por primera vez, nadie pudo sustraerse al entusiasmo, el orgullo y la alegría provocados por el éxito tan grandioso alcanzado en este momento por el hombre. No se percibió el acontecimiento como triunfo de una nación, sino como victoria del hombre. Sin embargo, la alegría producida por el hecho de que el mismo hombre capaz de algo tan inaudito no pudiera evitar que año tras año mueran de hambre cientos o incluso millones de hombres, ni sea capaz de proporcionar a millones de hermanos una existencia humana digna, de acabar con la guerra o suprimir la marea creciente de crímenes, hacía que con los momentos de alegría se mezclara una profunda aflicción. Es más fácil encontrar el camino a la luna que el que conduce al hombre hacia sí mismo. El poder técnico no es necesariamente un poder humano. El poder sobre sí mismo reside evidentemente en un ámbito completamente distinto del que ocupa el del quehacer técnico.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
