Martes 16 de junio. Feria (verde) San Efrén
Lecturas
1 Rey 21, 17-29
Sal 50 (51), 3-6a.11.16
Evangelio según San Mateo 5, 43-48
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
EI sufrimiento supone capacidad para sentir el dolor y fuerza de sentimiento. En la época de los Padres de la Iglesia Orígenes comprendió en toda su profundidad la temática del Dios doliente y expresó sin rodeos que no se puede reducir al sufrimiento de Jesús hecho hombre, sino que atañe a la misma imagen cristiana de Dios. Dejar sufrir al Hijo es simultáneamente la Pasión del Padre. En ella sufre también el Espíritu, de quien dice Pablo que gime por nosotros, que en nosotros y por nosotros sufre la pasión del anhelo de la completa salvación (Carta a los Romanos 8,26 y ss.). Como consecuencia de los desvaríos de una teología de cuño unilateralmente racionalista y de una concepción ingenua, tanto de la figura de Jesús como de la imagen de Dios —en la que el amor del Señor degenera hasta convertirse en algo meramente fútil, en la concepción de un Dios meramente amable el tema del Dios doliente se ha convertido hoy día en un tema de moda. Sobre este fondo, el cristianismo se reduce a una reforma filantrópica del mundo, y la Eucaristía a comida fraternal. Ahora bien, la temática del Dios doliente sólo puede ser salvífica si está anclada en el amor de Dios y en la adhesión devota a su amor. Según la Encíclica Haurietis aquas, las pasiones reunidas y representadas sintéticamente en el corazón son la justificación y el fundamento de que en la relación del hombre con Dios se debe incluir también el corazón, es decir, la capacidad de sentir, el aspecto emocional del amor. La religiosidad encarnada debe ser religiosidad apasionada, religiosidad de corazón a corazón. De ese modo precisamente es religiosidad pascual, pues el misterio de la Pascua es, como misterio de la Pasión, un misterio del corazón.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
