Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Señor, enséñame tus senderos, guíame por el camino de Tu fidelidad.

Miércoles 10 de Junio. (feria-verde). Santa Margarita de Escocia.

Lecturas
1 Reyes 18, 20-39
Sal 15 (16), 1-2a.5.8.11

Evangelio según San Mateo 5, 17-19
Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley, sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Según la fe cristiana, con Cristo ha entrado en la historia el mismo Dios. Con Él han comenzado las postrimerías. El fin de los tiempos está presente ya. De la peregrinación de los pueblos al Monte Sión nace la peregrinación de Dios hacia los pueblos. El universalismo deja de ser mera visión de lo porvenir, debe ser transformado en hechos concretos con la fe en la actualidad del fin de los tiempos. Los Padres de la Iglesia entienden el acontecimiento de Cristo como un misterio de unificación: el pecado fue separación que recluyó a cada individuo en su propio egoísmo; fue la idolatría de «Babilonia». Frente a ello, la fe significa el mensaje de la unidad que supera todas las barreras y procura entendimiento en un espíritu por encima de cualquier barrera: «solo un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que esté sobre todos, por todos y en todos» (Carta a los Efesios 4,5). Se puede comprender la fascinación originada y la esperanza despertada por una noticia semejante La predicación de Jesús no fue, en principio, el anuncio de la Iglesia de los pueblos, sino la proclamación del reino de Dios. El fenómeno conmovedor, sobre el que la Teología no reflexiona desde hace tiempo, de que el anuncio del reino de Jesús, cuyo primer rechazo fue la crucifixión —pese a lo cual fue ofrecido de nuevo tras la resurrección y rechazado definitivamente por Israel— sólo puede existir en el modo de estar en camino hacia los pueblos. Lo mismo hay que decir de la noticia de Jesús. A esta situación del mensaje, su estar en camino hacia las naciones, es a lo que llamamos Iglesia (.. .). La Iglesia nació como la nueva figura de la promesa, que a fin de cuentas no puede querer más que lo que fue la sagrada misión de Israel: ser luz de los pueblos en el testimonio de la pasión y en el servicio del amor.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

Inmaculado Corazón de María

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