Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Yo los elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero

Jueves 14 de Mayo – San Matías, apóstol. Fiesta. Rojo.

Fiesta de san Matías, apóstol, que siguió al Señor Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día en que Cristo subió a los cielos y, por esta razón, después de la Ascensión del Señor fue puesto por los apóstoles en el lugar que había ocupado Judas, el traidor, para que, formando parte del grupo de los Doce, fuese testigo de la Resurrección.

Lecturas
Hch 1, 15-17.20-26
Sal 112 (113), 1-8

Evangelio según San Juan 15, 9-17
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:

Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen los que Yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá. Lo que Yo les mando es que se amen los unos a los otros.

28.05 El acto de fe es una acción hondamente personal anclado en la profundidad más íntima del yo humano. Más, por ser absolutamente personal, es también un acto de comunicación. En su esencia más profunda, el yo está referido siempre al tú. Y también a la inversa: la relación efectiva que se torna «comunión»
puede nacer únicamente en la profundidad de la persona. El acto de fe es participación en la visión de Jesús, apoyarse en El. Juan, que se recuesta en el pecho de Jesús, es el símbolo de lo que significa la fe.
La fe es comunión con Jesús y, por lo mismo, liberación de la represión opuesta a la verdad y de la curvatura de mi propio yo sobre sí mismo para orientarlo y disponerlo para que responda al Padre, asienta al amor y al ser y pronuncie el sí que es nuestra salvación y tiene la capacidad de vencer al «mundo».
Consecuentemente, la fe es en su más íntima esencia «estar con», evasión del aislamiento de mi yo, que es su enfermedad. El acto de fe es apertura hacia la lejanía, rompimiento de la puerta de mi subjetividad.
San Pablo lo ha descrito con estas palabras: «ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Epístola a los
Gálatas 2,20). El yo que se anula a sí mismo se reencuentra en un nuevo yo más egregio. En este yo renovado, al que he llegado por la liberación de la fe, no sólo me encuentro unido con Jesús, sino con todos los que han recorrido el mismo camino. Dicho de otro modo: la fe es necesariamente la fe de la Iglesia, vive y se mueve en el «nosotros» de la Iglesia, que es uno con el yo de Jesucristo. En este nuevo sujeto se derrumba el muro entre el yo y los demás y se desploma la barrera entre el yo y la profundidad del ser.
En este nuevo sujeto yo soy coetáneo de Jesús, y las experiencias de la Iglesia todas me pertenecen también a mí, se han convertido en experiencias propias.

Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.

Oración

Dios nuestro, que incorporaste a san Matías al colegio apostólico, concédenos por su intercesión que, alegrándonos de la elección de tu amor, podamos ser contados entre tus santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Inmaculado Corazón de María

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