Lunes 27 de abril – Fiesta Blanco – Santo Toribio de Mogrovejo Obispo. Día del Obispo.
Lecturas
2 Timoteo 1, 13-14; 2, 1-3
Sal 95 (96), 1-3.7-8a.10
Evangelio según San Mateo 9, 35-38
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»
«La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37 y ss.). Aún oigo cómo dirigía el Santo Padre estas palabras, en voz alta, a la multitud reunida en la Theresienwiese, especialmente a la enorme cantidad de jóvenes allí presentes. Todavía percibo con qué profundidad las explicaba, diciendo que Dios ha plantado la mies en los hombres, que ahora quiere crecer y madurar en ellos bajo el sol de la verdad de Dios y de su amor. La mies es mucha.
En nuestros días sigue siéndolo. Uno se puede sorprender cuando, en diálogo con los jóvenes, ve cómo se plantea la pregunta por una vida mejor, por una alternativa, por el sentido verdaderamente fundamental, o cuando percibe qué magnífica mies se halla dispuesta hoy en esas preguntas y en la búsqueda que las anima, y qué trabajadores está esperando. Pero también se puede sorprender al percibir qué tipo de pájaros se abalanzan sobre ella e intentan desgranar-la. La mies es mucha. Rogad al Señor por la mies, pues vuestro ruego no quedará desatendido. Si la tendencia estadística de los últimos años hubiera seguido el curso ascendente previamente calculado, en el año 1981 hubieran entrado en el seminario en toda Alemania solamente 130 estudiantes de Teología. Sin embargo, entraron 542. No se debe esperar demasiado de los números. Sin embargo, esas cifras ponen de manifiesto que no existe una legalidad irreversible, que existe la novedad y la nueva salida que la estadística no puede calcular, pues la libertad no es cal-culable. La marcha ha comenzado de nuevo. Eso significa que debemos orar y tener confianza. ¡Hagámoslo con todo el corazón! ¡Hagámoslo con el corazón vuelto hacia el Señor! ¡Hagámoslo también con el corazón vuelto hacia los demás! ¡Hagámoslo no sólo con palabras sino con nuestro ser! ¡Invitemos a los hombres y jóvenes a asumir el riesgo de esta palabra y este servicio, que es grande porque es difícil, aun cuando por difícil es también bello! Sabemos que el umbral generacional no es un obstáculo. Muchos de nosotros hemos descubierto este camino, en el que hemos vivido el ser humano de modo pleno y hallado confianza y bondad madura, gracias a un viejo sacerdote.
Ratzinger, J. (2021). Cooperadores de la verdad: Una meditación para cada día del año (Vol. 201). Ediciones Rialp, SA.
