Lecturas
Hch 4, 13-21
Sal 117 (118) 1.14-16.18-21
Evangelio según San Marcos 16, 9-15
Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»
“… se apareció primero a María Magdalena”. Debe provocarnos esta actitud de Jesús. Mujer y (ex)endemoniada, primera testigo de su resurrección. Debemos cuestionarnos por qué todavía seguimos construyendo o manteniendo estructuras machistas a pesar de la certeza del rol fundamental de la mujer en la historia de salvación (busquemos en el antiguo testamento, en la genealogía de Jesús, en la Virgen María, en Marta y María y tantas otras).
“… no le creyeron… pero tampoco les creyeron”. Veo en estas frases una interpelación a mi falta de Fe, a mi siempre estar esperando una confirmación más. A mis negativas de navegar mar adentro, con la certeza de lo incierto.
“Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”. Me siento implicado en este mandato, y agradezco la confianza de Jesús depositada en mí para tamaña misión. “¡Ay de mí si no predico el Evangelio!”
