Inmaculado Corazón de María

Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José

Lunes Santo – La casa se impregnó con la fragancia

Lecturas
1er Is 42, 1-7
Sal 26 (27) 1-3.13-14

Evangelio según San Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon un cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.

María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.

Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre».

Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Lo primero que vemos es la clave de la Pascua. “seis días antes de la Pascua”. Vemos el lugar: “Betania”, con lo que significa en el caminar de Jesús, ese lugar. Lugar que habla de encuentro, amistad, intimidad, descanso, mesa compartida, alegría, fiesta. Vemos que una mujer, tiene un gesto de total generosidad, de ternura, gesto profético. Frente a ese gesto vemos la mirada del interesado, de quien justifica su mezquindad. La palabra de Jesús que da sentido al gesto, y anuncia su partida. Esa Betania convoca a muchos, atraídos por el aroma de la vida nueva de Lázaro y otros por la curiosidad; otros con total rechazo a la vida, programando la muerte.

Escuchando nos podemos preguntar: ¿Es la Pascua, la referencia de mi tiempo? ¿Es la Eucaristía semanal, mi Betania donde celebro la vida y la comparto? O mi tiempo lo marca el interés por más dinero, por guardar lo mejor para mí, en lugar de compartirlo? Estoy dispuesto a romper el frasco de mi amor por brindarme desinteresadamente por el hermano, en quién me espera Jesús? ¿Cómo Lázaro soy signo de vida nueva? ¿Mis actitudes irradian la fragancia del Amor recibido y entregado?

Mirar, escuchar, nos debe llevar a elegir: ¿De qué lado me ubico, de Betania que sabe de amistad, mesa compartida, respuesta generosa; o de la mirada mezquina y de rechazo a la novedad de la Pascua? Mis elecciones van en sintonía con las de Jesús; con las de la mujer que rompe el frasco?

Mi actuar, está del lado de la entrega generosa de Jesús, que se entrega totalmente para ungir a la humanidad con la novedad de la Resurrección? ¿O actuó desde la mirada interesada, y mezquina?

La Semana Santa que estamos transitando es un fuerte llamado a confrontarnos con la novedad del Evangelio. Dejemos que la Palabra nos saque de las parálisis, de la muerte, que no saben de Betania, ni de la unción del Amor entregado de Jesús, que perfuma nuestros vínculos.

Inmaculado Corazón de María

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